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Plantas Medicinales Para El Sistema Muscular y Óseo

hierbas medicinales para los músculos y huesos

Nuestro esqueleto, el tejido conjuntivo, nuestros mús­culos y nuestras articulaciones nos sostienen, nos permiten estar de pie, movernos, y nos dan forma. Los utilizamos mucho y mal y en ellos se produce un enorme desgaste físico.

Pero la salud de estos tejidos no sólo depende del uso que hacemos de ellos, o de la estructura de la cual for­man parte, sino también en gran medida del entorno in­terno, del estado de nuestro metabolismo, de la dieta y del estilo de vida.

Es evidente que las debili­dades genéticas pueden desempeñar también un papel muy importante, pero si son detec­tadas, es posible hacer mucho por evitar que se manifiesten como problemas.

Si los problemas se deben a desviaciones estructurales, la osteopatía o la quiropráctica podrán ser muy valiosas. Algunas veces el es­queleto está desviado de tal forma, que las deteriora las funciones neurológicas, trastor­nando la función de los órganos o la armonía de todo el cuerpo.

Las técnicas osteopáticas o quiroprácticas pueden ayudar a enderezar el cuerpo, así como los métodos de ajustes psi­cofísicos, como el Rolfing, la Técnica Alexander o el Feldenkrais.

Pero la principal fuente de las afecciones que invaden este sistema es la salud sistémica del cuerpo como un todo. Sólo cuando el en­torno interior y el metabolismo estén en armonía, se mantendrá la salud y la totalidad.

Si sus procesos bioquímicos y metabólicos no son armónicos, el cuerpo deberá realizar un esfuerzo excesivo para eliminar los desechos y las toxinas.

Si este estado prosigue durante años (y es frecuente que pase desapercibi­do) las toxinas pueden acumularse en el tejido conjuntivo de las articulaciones y sem­brar las simientes para el desarrollo del reumatismo y la artritis, especialmente si existe una disposición genética en esta direc­ción.

De todos los problemas que pueden afectar a este sistema, es en el área de las en­fermedades crónicas y degenerativas en la que la fitoterapia tiene mucho que ofrecer.

Hierbas para el sistema muscular y óseo

En este sistema, especialmente en las enfermeda­des como el reumatismo o la artritis, es necesario devolver al cuerpo a un estado de salud y equili­brio. Para tratar eficazmente los problemas que se manifiestan en los huesos o músculos, la digestión y la asimilación deberán funcionar bien, así como los diversos aspectos de la eliminación.

Esto debe recordarse a la hora de elegir los diferentes tipos de hierbas para cada necesidad particular.

Las antireumáticas

Existe un amplio abanico de hierbas que tiene fa­ma de evitar, aliviar o curar los problemas reumá­ticos. Les proporcionaré una lista larga (aunque incompleta) de las hierbas antireumáticas, entre las que se encuentran diversas hierbas con accio­nes primarias diferentes.

Éstas pueden elegirse de acuerdo con las necesidades de todo el cuerpo, pues incluyen alterativas, antiinflamatorias, rube­facientes, diuréticas, estimulantes y digestivas:

Las alterativas

Las alternativas purifican y corrigen gradualmente un estado “contaminado” de la sangre y restauran un funcionamiento más sano. Las hierbas trabajan a través de diferentes mecanismos, muchos de los cuales aún no se comprenden, y funcionan en di­versas afecciones, entre las que se encuentra el reu­matismo.

Si bien la mayoría de las hierbas alterativas ayu­darán en los problemas de este sistema, las más ampliamente utilizadas son la Cimifugaa racemosa, el trébol de agua, la semilla de apio, el harpagofito, el guayaco y la zarzaparrilla.

La mayoría de las afecciones reumáticas y artrí­ticas mejoran a través de la revitalización y purifi­cación general que se logra con estas hierbas.

Las antiinflamatorias

Quizás resulte engañoso denominar estas hierbas antiinflamatorias, pues en un tratamiento holísti­co no pretendemos suprimir las inflamaciones, que suele ser parte de una respuesta corporal sana.

Lo que hacen estas hierbas es más bien reducir las inflamaciones, ayudando al cuerpo a superar el problema. Estas hierbas pueden ser útiles, espe­cialmente en los estados reumáticos y artríticos, en los que son contraproducentes las prolongadas in­flamaciones de articulaciones y otros tejidos.

Un buen ejemplo es la ulmaria; es rica en sus­tancias parecidas a la aspirina, que reducen la hin­chazón y el dolor, al tiempo que actúa como diu­rética y hepática, ayudando así al cuerpo a limpiar y eliminar; con el tiempo, suprime las raíces de la inflamación, que residen en una acumulación de desechos y toxinas.

Las hierbas antiinflamatorias más eficaces son el sauce negro, el harpagofito, el guayaco, la ulmaria, el álamo temblón y el ñame. A diferencia de los fár­macos antiinflamatorios, estas hierbas son seguras aunque se tomen en grandes dosis, puesto que la naturaleza las ha diseñado en forma diluida y equi­librada.

Una dosis segura y eficaz de sauce negro po­dría ser 250 ml de tintura durante una semana.

Las rubefacientes

Cuando se aplican a la piel, las rubefacientes esti­mulan la circulación. Ello incrementa el suminis­tro de sangre que, a su vez, alivia la congestión y la inflamación; por eso las rubefacientes son espe­cialmente útiles como base para linimentos utili­zados en el reumatismo muscular y afecciones si­milares.

La mayoría de las rubefacientes son demasiado fuertes para utilizarlos por vía bucal. Incluso en la piel sensible deberían emplearse con cuidado, y evitarse cuando la piel está dañada.

El modo concreto de empleo se describirá más adelante; las más útiles son la cayena, el jengibre, el rábano picante, la mostaza, el aceite de menta, la hierba de Santiago, el aceite de romero y el té del Canadá.

Las diuréticas

Las diuréticas ayudan a los riñones y, por tanto, a la esencial eliminación de los desechos y toxinas del metabolismo, o de los productos de la inflamación, que pueden ser la causa de muchos problemas, co­mo la artritis o el reumatismo.

Si existe un proble­ma en los riñones, deberá tratarse también. Para respaldar el trabajo de este órgano vital se suelen utilizar hierbas como el Eupatorium perfoliatum, el apio, las bayas de enebro o la milenrama; a menudo las semillas de apio son consideradas como específi­cas para el tratamiento del reumatismo.

Los estimulantes circulatorios

Otro modo de purificar el cuerpo de toxinas es es­timulando la circulación, incrementando así el aporte sanguíneo a los músculos y articulaciones.

Esto puede conseguirse sin forzar el corazón, utili­zando hierbas que estimulen la circulación perifé­rica, como la cayena, el jengibre, la hierba carmín, el cenizo americano o el romero. Claro está que, si existen problemas circulatorios o cardíacos, éstos también deberán tratarse.

Las analgésicas

Aunque el purista nunca tratará los síntomas, el arte del terapeuta tiene como objetivo aliviar el su­frimiento. Es posible que sea necesario utilizar hierbas que reduzcan el dolor, a veces fuerte, de afecciones como el reumatismo, pero es evidente que sólo deberían administrarse como parte de un tratamiento completo de las causas.

Las hierbas antiinflamatorias reducirán el dolor en cierto gra­do, pero el único modo eficaz de reducirlo y eli­minarlo es solucionando el problema subyacente.

Mientras eso se lleva a cabo, algunas hierbas como el guayaco, la piscidia, el hipérico o la valeriana pueden proporcionar un alivio al dolor. Serán me­nos eficaces si no se adoptan otras medidas.

Los tónicos digestivos

El proceso digestivo debe funcionar adecuada­mente, pues los nutrientes deben ser bien absorbi­dos para que el sistema muscular y óseo funcione correctamente. El uso de tónicos amargos, como la genciana, el hidrastis del Canadá, el ajenjo o la milenrama, pueden resultar útiles.

Si existe un grado apreciable de estreñimiento o una acumulación de materia fecal, es necesario re­currir a las evacuatorias, especialmente aquellas que actúan estimulando el hígado, como el boldo, el ruibarbo o la romaza crespa.

Plantas para el reumatismo y la artritis

No analizaremos las diferencias entre las diversas clases de reumatismo y artritis. Es discutible si es necesario un diagnóstico diferencial para un trata­miento holístico. Lo que sí es necesario es aislar la causa general e individual, y las influencias del marco de referencia genético.

Estas afecciones son el resultado de la incapacidad del cuerpo para en­frentarse a las presiones procedentes de una dieta y un modo de vida erróneos, u otros tipos de estrés. El objetivo del tratamiento será conseguir un esta­do de salud y vitalidad en el individuo para que el cuerpo pueda ocuparse de los síntomas, en vez de atacar al síntoma para conseguir la vitalidad.

Un criterio importante en el enfoque de estas afecciones es la idea de la fricción. Los cambios en las articulaciones que se manifiestan en la artritis hacen que los huesos se froten entre sí, causando una fricción, pero con frecuencia es un largo historial de fricción el que provoca este cambio.

Podría deberse a un trabajo físico concreto, como cuando los granjeros desarrollan osteoartritis en el hombro sobre el cual cargan las balas de heno año tras año, o podría ser tensión muscular que aprie­a excesivamente a las articulaciones.

El dicciona­rio define la fricción como “resistencia con des­prendimiento de calor cuando dos superficies en contacto rozan entre sí; roce, desacuerdo o con­flicto”. Si examinamos las raíces de los problemas reumáticos y artríticos, esta definición la cubre to­talmente, y las superficies pueden ser huesos, per­sonas, o emociones y creencias diferentes.

Los conflictos, y la fricción resultante, pueden adoptar muchas formas, pero la experiencia es fundamentalmente interna. Para algunos, el con­flicto es un estado de ánimo, una actitud con la cual nos relacionamos con el mundo.

Dicho con­flicto se manifiesta realmente entre los aspectos in­ternos del individuo, es una manifestación de fal­ta de armonía psicológica. Ello se externalizará como un conflicto con las relaciones o el estilo de vida, pero las raíces suelen estar profundamente arraigadas en la psique.

Si se pretende crear el entorno adecuado dentro del cuerpo, para que se lleve a cabo la curación, deberá prestarse la misma atención a la armonía mental y emocional, que a la dieta y a la fitoterapia.

Si el individuo tiene una preparación tensa y defensiva de la vida, y no adopta una actitud vul­nerable ni abierta, estimulará la aparición de reu­matismo. Si se inicia un proceso interno de relaja­ción que reduce la fricción emocional, permitiendo una interacción con las personas y una apertura de las emociones y creencias, se establecerá la base pa­ra que se produzca el milagro de la autocuración facilitada por el uso de hierbas.

La alimentación en para el reumatismo y la artritis

Una de las causas del reumatismo y la artritis es una acumulación de toxinas y productos de dese­cho en el tejido afectado. Un importante factor que contribuye al desarrollo de estas enfermedades es una dieta inadecuada, utilizando alimentos in­convenientes para el cuerpo, tan desvitalizados y adulterados, que resultan perjudiciales de cual­quier modo.

Como directriz general, deben evitar­se los alimentos que hacen que el cuerpo responda con una reacción ácida, así como aquellos que causan problemas digestivos u otras afecciones, como sutiles reacciones alérgicas.

En lugar de co­mer alimentos procesados, llenos de aditivos y conservantes, deberían consumirse (en la medi­da de lo posible) alimentos frescos y no tratados.

Tanto las reacciones alérgicas evidentes o sutiles como los trastornos digestivos leves de acidez o flatulencia, son causados a menudo por el gluten (principalmente de los productos de trigo) y los productos lácteos, en cuyo caso deberían evitarse.

Las reacciones ácidas están causadas por la carne (especialmente la carne roja), los huevos y los pro­ductos lácteos; por los productos claramente áci­dos, como el vinagre y los platos preparados en es­cabeche; por los hidratos de carbono y el azúcar refinados, y por la mayoría de las especias.

Así mis­mo deberían evitarse los alimentos ricos en ácido oxálico, como el ruibarbo, las grosellas espinosas y las grosellas negras y rojas. El café, el té negro, el alcohol, cualquier producto elaborado con uvas negras, el azúcar y la sal también deberían evitarse por razones obvias, pues todas contribuyen a la acumulación de toxinas y son perjudiciales para el proceso de purificación.

En lugar de ello, deberían comerse frutas en abundancia (incluidos los cítricos que, pese al áci­do nítrico, parecen tener una acción alcalina sobre el metabolismo) y hortalizas, especialmente las verduras y los tubérculos, y debería beberse por lo menos 1/2 litro de líquidos al día, para ayudar a limpiar al cuerpo.

Estos líquidos deberían ser agua (pero agua con un bajo contenido en minerales) o agua mezclada con un poco de vinagre de sidra o zumo de manzana. Se recomienda un comple­mento de vitamina C de por lo menos 500 mg diarios. Asimismo puede comerse pescado y carne blanca.

La hierbas para el tratamiento del reumatismo y la artritis

A través del uso de las hierbas adecuadas y en combinación con otras técnicas para apoyar y ayu­dar a todo el cuerpo, es posible purificar todo el sistema y eliminar la fuente de desarrollo reumático o artrítico.

Un tratamiento como éste requiere tiempo, pues un proceso degenerativo que necesi­tó tiempo para desarrollarse no puede invertirse en cuatro semanas. Pero cuando se utiliza el trata­miento adecuado, no es raro oír comentarios como “ya me siento mejor por dentro“, mucho antes de que los síntomas reales de dolor o rigidez hayan desaparecido.

Además de una necesidad general de purifica­ción, cada persona debe ser enfocada como un ser único. ¿Necesita algún tipo de ayuda el aparato di­gestivo? ¿Los riñones funcionan bien? ¿Existe mucha tensión en la vida de la persona? ¿El sistema endocrino funciona de forma armoniosa? ¿Cómo es la dieta?

Con los problemas reumáticos y artríticos, más que con cualquier otro, es esencial tratar a todo el ser, pues de otro modo la curación sólo será leve o temporal. Pero cuando se tiene en cuenta la ima­gen única del individuo, es posible abrir las puer­tas a una curación casi milagrosa.

Infusiones para el reuma y la artritis

Ahora que ha quedado bastante claro este punto, he aquí una mezcla básica para las afecciones reumáticas y artríticas:

La dosis es una cucharadita de la mezcla para una taza de agua.

Esta infusión debe beberse tres veces al día duran­te mucho tiempo.

Ésta es simplemente una posibilidad. Los deta­lles deberán seleccionarse según el individuo en cuestión, de acuerdo con las sugerencias ofrecidas más arriba en el apartado hierbas para el sistema muscular y óseo.

Si, por ejemplo, se tiene mucho dolor o inflamación, hay que considerar el uso de antiinflamatorios y quizás analgésicos, como sauce negro, guayaco o ñame.

Si la persona no puede dormir a causa del dolor, es necesario hacer algo, pues gran parte de la cura­ción tiene lugar durante el sueño. Una combina­ción de hierbas útil para mejorar el sueño y reducir el dolor es:

La dosis es una cucharadita para cada taza de agua (decocción).

Tomar esta decocción media hora antes de acostarse. Se trata de una mezcla segura y puede utilizarse en una dosis más fuerte que la normal de una o dos cucharadas, si es necesario.

Además, pueden utilizarse remedios externos para aliviar el dolor y reducir la inflamación mientras que al mismo tiempo se estimula la cir­culación de la zona afectada para ayudar a elimi­nar las toxinas.

Linimento para el reuma y la artritis

Si bien este tratamiento no pro­ducirá por sí mismo un cambio fundamental, ayudará a todo el proceso y calmará el malestar. Es posible elaborar un linimento muy estimulante y que proporciona mucho calor, con partes iguales de tintura de cayena y glicerina, que debe friccio­narse en las articulaciones o músculos afectados.

Hay que tener cuidado de no aplicarlo sobre la piel dañada ni de tocar la piel sensible de la cara. No sería dañino, pero podría dar una sensación de escozor hasta que los aceites volátiles se evaporasen o fuesen eliminados con agua.

Es este mismo calor el que alivia el dolor en las articulaciones frías y dolorosas y en los músculos rígidos.

Si se siente dolor en el tejido muscular, o dolor nervioso, lo más eficaz puede ser un linimento ela­borado con aceite de hipérico. Uno mismo puede preparar el aceite al final de verano, recogiendo flores frescas y poniéndolas en aceite: recoger 100 gramos de flores frescas y recién abiertas, y macha­carlas en una cucharada de aceite de oliva o de gi­rasol.

Verter medio litro del mismo aceite sobre la mezcla, mezclarlo bien y colocarlo en un recipien­te de cristal transparente. Dejar el recipiente abier­to en un lugar cálido para que fermente durante tres a cinco días; a continuación cerrar bien el re­cipiente y ponerlo al sol o en otro lugar caliente durante tres a seis semanas, agitándolo diariamen­te, hasta que el aceite adquiera un color rojo brillante.

Después de este tiempo, exprimir la mezcla en un paño y dejar reposar el aceite durante un día para separar la parte aceitosa de la acuosa. Hay que utilizar sólo la parte aceitosa, que debe ser cuida­dosamente vertida y almacenada en un recipiente opaco y hermético.

El hipérico puede friccionarse en las zonas con dolor reumático, y también puede utilizarse para los dolores neurálgicos o ciáticos o en las quema­duras leves.

Asimismo podemos elaborar otros aceites, ya sea haciendo nosotros mismos la base del aceite o utilizando una base con aceites esenciales. Si utili­zamos aceites esenciales, podemos añadir dos o tres ml del aceite a 30 ml de una base como el acei­te de almendra, oliva o girasol.

Los aceites adecuados son los de espliego, orégano, menta y romero, que pueden también mezclarse entre sí.

Otro modo simple, aunque eficaz, de aliviar el dolor y la inflamación es alternar cataplasmas de agua calientes y fríos. Esta técnica de primeros auxilios puede utilizarse cuando no se tienen aceites y hierbas a mano.

Plantas para los calambres

Todos hemos experimentado calambres musculares en uno u otro momento; éstos son dolorosos, pero no preocupantes. Sin embargo, si se convierten en una afección rebelde, deberían tratarse, no sólo para evitar el estrés, sino también porque indican problemas circulatorios, pues son síntoma de falta de oxígeno.

Es bastante fácil eliminar el problema a base de hierbas, si el tratamiento se prolonga durante un tiempo. Para ello se puede utilizar una mezcla de corteza de mundillo, cenizo americano y jengibre:

Beba esta decocción tres veces al día durante varios meses.

Plantas para la Bursitis

Las bolsas alrededor de las articulaciones de la rodilla y el codo actúan como cojinetes rellenos de agua entre los tendones y los huesos mayores. La inflamación de estos sacos se denomina bursitis.

Cuando se producte en las rodillas se suele denominar higroma, y codo de tenista cuando se produce en esta articulación. La afección puede deberse a un fuerte golpe, un accidente o un cambio lento.

Cuando forma parte del desarrollo gradual de tendencias reumáticas debería tratarse como he descrito en el apartado sobre el reumatismo. Cuando es de corta duración, lo mejor es ayudar a los tejidos utilizando una compresa sobre la zona afectada, o un linimento estimulante (ver el apartado sobre el reumatismo y la artritis más arriba).

Ambos ayudarán a reducir la inflamación y a aliviar el dolor. Sin embargo, si el problema continúa, debe iniciarse un tratamiento interno, como el indicado para el reumatismo y la artritis.

Plantas para la gota

Se trata de una variedad específica de los problemas articulares, debida a una acumulación de ácido úrico en el cuerpo, causa de inflamaciones ex­tremadamente dolorosas. El cuerpo necesita ayuda en la eliminación, especialmente de los riñones.

El uso de hierbas diuréticas, así como antireumáticas será una buena ayuda. Las hierbas como el apio, el Eupatorium perfoliatum, la zanahoria silvestre y la milenrama son especialmente útiles de entre to­dos los diuréticos disponibles. La siguiente mezcla puede resultar útil:

  • Raíz de lampazo mayor, 1 parte,
  • Semilla de apio, 1 parte,
  • Milenrama, 1 parte.

Esta infusión se tomará tres veces al día durante un tiempo. Si se padece mucho dolor, puede in­cluirse tuya a la mezcla.

La dieta es muy importante en el tratamiento y la prevención de un nuevo ataque de gota. Una dieta baja en ácidos constituye la base; además de­berán evitarse los alimentos ricos en purinas que el cuerpo metaboliza en ácido úrico.

Entre dichos alimentos se encuentran pescados como las sardi­nas, las anchoas, las huevas, los mariscos y cangre­jos, en el hígado, los riñones, las mollejas y las ju­días. No deben tocarse ni el café ni el té, y por lo general no debe abusarse con las comidas. El alco­hol debe evitarse por completo.

Plantas para el lumbago

El lumbago es un nombre general para el dolor en la parte inferior de la espalda, y puede estar provo­cado por diversas afecciones, que van desde pro­blemas en los riñones y el aparato reproductor, al reumatismo y las lesiones en la espalda.

La raíz del dolor debe investigarse y utilizar el tratamiento apropiado, ya sea a través de las hierbas o de la os­teopatía. Una ayuda la proporcionará un linimen­to que estimule y cause calor, como el descrito para el reumatismo y la artritis.

Las compresas ca­lientes también pueden tenerse en cuenta, para un alivio sintomático rápido, mientras se investiga adecuadamente la causa.

Plantas para la ciática

Estrictamente hablando, se trata de una forma de neuralgia caracterizada por un intenso dolor y sen­sibilidad a lo largo del nervio ciático, el nervio más largo del cuerpo, que se extiende desde la parte posterior del muslo hasta la parte inferior de la pantorrilla.

El término se utiliza con frecuencia para describir el dolor que irradia desde las caderas hasta los muslos, que puede tener muchas causas. A menudo está relacionado con una desviación de la columna vertebral y las caderas, que presiona contra el nervio y causa el dolor.

Si éste es el caso, la terapia osteopática o quiropráctica será la más apropiada. En caso de neuralgia o dolor del ner­vio, las nervinas relajantes y tónicas ayudarán (puedes ver la sección del sistema nervioso).

Sin embargo, con frecuencia se descubre que la con­gestión abdominal es la causa de este doloroso problema. Es esencial garantizar que los intestinos no sufren estreñimiento, y que los riñones funcio­nan bien.

En primer lugar es apropiada una hierba como la romaza crespa, pero para los riñones debe­ría utilizarse gayuba o diente de león. El consejo ge­neral dado en el apartado sobre el reumatismo y la artritis es adecuado para la ciática. El masaje de la parte inferior de la espalda y las piernas puede ser una gran ayuda.

Plantas para los esguinces

A causa de accidentes, los músculos pueden sufrir tirones, y los ligamentos y tendones pueden su­frir esguinces. Los baños calientes con una hierba estimulante pueden incrementar la circulación de la zona en cuestión, acelerando de este modo la curación.

El romero o el tomillo son un excelente añadido al baño, ya sea de cuerpo entero o sólo de pies: se añaden 30-60 gramos de hierbas secas a un litro de agua hirviendo y se deja reposar.

Esta infusión se añade al baño o se utiliza como compre­sa en la zona afectada. Asimismo (siempre y cuan­do la piel no esté dañada) se puede utilizar árnica como una excelente compresa, que deberá aplicar­se todo lo caliente posible.

Si se utiliza la tintura, se añade una cucharilla a medio litro de agua y se remoja la parte afectada en la solución caliente du­rante 15 minutos, o se pone en remojo una venda o gasa en la solución y se aplica sobre la parte afec­tada.

Esto debe repetirse cada 4 horas. Cuando se evidencie una fuerte reducción de la inflamación y del dolor, la parte afectada debe ser vendada, y el vendaje debe humedecerse con hamamelis destilada.

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