Saltar al contenido

Plantas Medicinales Para Las Infecciones y Parásitos

plantas medicinales para las infecciones y parásitos

Las infecciones (ya sean bacterias, virus u hongos) se manifiestan sólo cuando las de­fensas naturales del cuerpo se hayan debilitado. La fuerza natural del cuerpo pue­de disminuir como consecuencia de muchos factores.

Las influencias físicas como una mala dieta, una terapia con fármacos o una enfermedad anterior pueden debilitar el siste­ma. Los factores emocionales y mentales también son cruciales.

Evidentemente, el es­trés y la tensión pueden reducir nuestra energía a un nivel que permite que se mani­fiesten las infecciones, pero el “pescar un resfriado” o coger otras infecciones también puede ser a menudo una señal para nosotros, un mensaje de nuestro cuerpo, que nos pide que nos detengamos y reflexionemos sobre lo que estamos haciendo.

Para enfocar las enfermedades infecciosas desde el punto de vista herbario debemos re­conocer que no las “pescamos” de la nada, sino que creamos la oportunidad y el entorno para que se desarrolle la infección. ¡La bacte­ria no tiene la culpa!

Para tratar una infección de un modo real debemos proponernos res­taurar la resistencia normal del cuerpo; por consiguiente se necesita un tratamiento com­pleto que garantice la salud y la vitalidad de todos los sistemas corporales.

En muchos ca­sos es mejor olvidarse de la infección específica y concentrarse en apoyar al cuerpo para que haga lo que debe hacer: protegerse.

Ello puede requerir unos días y puede incluso interferir con nuestros importantes compro­misos mundanos, pero la necesidad y el mensaje son claros: ha llegado la hora de prestar algo de atención y cuidado a nuestro cuerpo y a nuestro modo de vida.

Las infecciones aparecen con frecuencia como parte de una “epidemia”. Cuando hay una enfermedad generalizada que ataca a mu­chas personas simultáneamente en una comunidad, puede ser válido considerar a toda la comunidad como un grupo polifacé­tico que actúa del mismo modo que un individuo.

Desde esta perspectiva, la causa de una epidemia es la misma que la causa de una infección individual: significa que la re­sistencia del grupo es baja.

La epidemia de gripe que siguió a la Segunda Guerra Mundial se cobró más vidas humanas que la guerra en sí. Ello puede haber sido el resultado de los problemas higiénicos, sanitarios y alimentarios que siguieron a esa trágica época, pero también podría conside­rarse como un resultado de unas profundas heridas comunales que afectaban a la concien­cia colectiva de la humanidad.

No basta con estar sanos e íntegros individualmente. La so­ciedad de la que formamos parte también debe irradiar estas cualidades o formaremos parte de un sistema insano y, por tanto, pro­penso a las epidemias.

Pueden ser la gripe o el SIDA, o pueden ser epidemias de miedo, alie­nación e insensatez. Nuestra salud depende de la totalidad a todos niveles.

Antibióticos para las infecciones

No cabe duda de que existen situaciones en las que es muy aconsejable utilizar medicamentos como los antibióticos. Son un regalo muy valioso para la humanidad, y pueden salvar vidas y mejorar la calidad de la existencia si se utilizan con discreción y cuando son apropiados.

En los casos como la me­ningitis y otras infecciones potencialmente morta­les, han salvado innumerables vidas. Por desgracia con frecuencia se utilizan los antibióticos sólo por­que son convenientes y actúan con rapidez, sin prestar demasiada atención a su efecto global y a las consecuencias de su uso indiscriminado.

En los casos en que es apropiado recurrir a los antibióticos, pueden tomarse algunas medidas pa­ra reducir su impacto en el sistema. Se deberían aunar por lo menos dos gramos de vitamina C al días  (hasta cerca de una semana después de acabar  la cura de antibióticos) y grandes cantidades del complejovitamínico B.

Estas vitaminas ayudan al cuerpo a enfrentarse al estrés de la infección y de los antibióticos, y a incrementar nuestra resistencia natural.

Dado que algunos antibióticos destruyen la flora bacteriana natural de los intestinos, deberá to­marse yogur «vivo» en abundancia para apoyar a ase sistema contra el ataque químico, pues el yo­gur ayuda a equilibrar la ecología de los intestinos.

Cuando se toman antibióticos, es necesario decansar y relajarse, pues se padece el ataque de mas potentes sustancias químicas que deberían tratarse con respeto. Sin embargo, debemos agra­decer que estén allí para ayudarnos y debemos expresar nuestra gratitud hacia nosotros mismos de forma sensata.

Si nos sentimos culpables por el he­cho de tomar medicamentos (aunque su uso sea apropiado) sólo conseguiremos debilitarnos e impediremos una curación profunda. Cuando de­ba tomar antibióticos, colabore con ellos y no se ponga en su contra.

La fitoterapia puede utilizarse para respaldar el tratamiento con antibióticos. Pueden utilizarse mientras dura para aumentar la acción de los me­dicamentos, y para ayudar al cuerpo y protegerlo contra un posible daño.

Las hierbas a utilizar en cada caso dependerán del lugar de la infección y de la persona implicada, y deberían elegirse de acuerdo con ello. Las hierbas también pueden utilizarse después de una terapia con medicamentos, para tonificar el siste­ma con la ayuda de amargas y, posiblemente, ner­vinas tónicas.

También es importante purificar el sistema con hierbas alterativas, diuréticas y linfáti­cas. Aunque las hierbas específicas deberán elegir­se de acuerdo con las necesidades individuales, con frecuencia está indicado el uso de hierbas co­mo:

Hierbas para las infecciones y los parásitos

Para las infecciones y los parásitos las hierbas pue­den utilizarse de dos formas: a través de sus propiedades antimicrobianas actúan directamente contra los microbios y además aumentan y vitalizan las defensas corporales.

Afortunadamente, en la mayoría de los casos harán ambas cosas a la vez. La mirra es un ejemplo de hierba que combina la acción tóxica directa sobre las bacterias, con la ca­pacidad de estimular la producción de glóbulos blancos (los leucocitos) responsables de la ma­yor parte del trabajo defensivo en el cuerpo.

Otras hierbas indicadas son aquellas que ayu­dan a eliminar toxinas, como las diaforéticas, las laxantes y las diuréticas. Cualquier acumulación de material de desecho y toxinas constituye un entorno excelente para los microbios.

La mayoría de las hierbas pueden desempeñar un buen papel en el tratamiento de las infecciones o de los parásitos, pero aquí nos concentraremos en las hierbas antimicrobianas, diaforéticas y antihelmínticas.

Las antimicrobianas

Muchas plantas tienen un efecto tóxico sobre los microbios. El primer antibiótico eficaz, la penicilina, fue descubierto en una planta, un hongo. Resulta interesante que un antiguo remedio galés para heridas ulcerosas se elaboraba a base de pan enmohecido.

Durante años, los médicos se burlaron de ello, hasta que se hizo evidente que existe una base bioquímica definida para esta receta aparentemente estrafalaria, pues el moho está causado por hongos.

Las hierbas actúan de un modo complejo que no siempre puede explicarse (pues no se han realizado investigaciones suficientes) y los procesos con los cuales se enfrentan a las infecciones son numerosos.

Entre las mejores antimicrobianas que podemos utilizar sin peligro para combatir las infecciones se encuentran:

En la primera parte de este siglo, el poder antiséptico de algunos aceites vegetales era comparado con el del fenol, un antiséptico químico frecuentemente utilizado, y se descubrió que muchos aceites volátiles eran más fuertes que el fenol, siendo el tomillo el más fuerte de todos.

El experimento examinaba la acción antiséptica del caldo de carne que había sido infectado con aguas residuales, y determinaba a qué solución (a cuantas partes por 1.000) desaparecía la acción antiséptica.

El aceite de tomillo demostró ser ocho veces más fuerte que el fenol. Además, mientras que el fenol daña el tejido alrededor de la herida, los aceites vegetales más fuertes, como el tomillo, no lo hacen. Muchas otras plantas son también más fuertes que el fenol:

El aceite de ajo es otro antimicrobiano potente, que vale la pena mencionar. Era utilizado en la Primera Guerra Mundial como un antiséptico aplicado con vendajes de musgo esfagno.

Las diaforéticas (febrífugas)

Un diaforético es un remedio que induce al cuerpo a aumentar su cantidad de transpiración. Ello a su vez incrementa la eliminación de toxinas a través de la piel y ayuda a purificar el cuerpo.

Las hierbas diaforéticas están indicadas en muchas afecciones, pero sobre todo en el tratamiento de las fiebres y de las infecciones que afectan a todo el sistema. Ya hemos analizado el uso de diaforéticos en la gripe (en la sección del aparato respiratorio sobre oídos, nariz, garganta y ojos).

Gracias a sus propiedades tonificantes y curativas, permiten a menudo al cuerpo eliminar por sí solo las infecciones o la fiebre con asombrosa rapidez. Aceleran y aumentan el proceso de curación vital sin suprimir parte de él.

Pueden utilizarse individualmente o como parte de una terapia más amplia. Las más útiles son

Las antihelmínticas (vermífugas)

Las hierbas antihelmínticas liberan al cuerpo de parásitos, y se utilizan interna o externamente. Algunas antihelmínticas matan al parásito, otras lo expulsan del cuerpo; la mayoría son hierbas muy potentes, algunas potencialmente tóxicas si se toman en grandes dosis.

Deberá tenerse mucho cuidado de no tomar una sobredosis de estas hierbas. Es conveniente acudir a un fitoterapeuta para su correcto uso.

Por desgracia, entre ellas se encuentran las antihelmínticas más eficaces, como la Hagenia abyssinica, el helecho macho y el santónico. Las restricciones del uso del helecho macho son muy lamentables, pues es muy eficaz contra la solitaria y no es tan peligrosa como la Hagenia abyssinicao el santónico.

Estas plantas aún son utilizadas por los médicos ortodoxos y los veterinarios. Otras hierbas antihelmínticas útiles son:

Tratamientos de hierbas para las infecciones

En caso de infección es especialmente importante tratar la causa subyacente y no limitarse a eliminar los síntomas. Las fiebres no debería considerarse simplemente como una manifestación de la enfer­medad que debe ser “curada” pase lo que pase.

La fiebre puede ser un síntoma del proceso curativo en sí, que debería apoyarse, y no suprimirse. Una mezcla básica que ayuda al cuerpo a superar la fie­bre es la siguiente:

La dosis es una cucharadita de la mezcla por cada taza de agua.

Tomar media taza de esta infusión, todo lo calien­te posible, cada dos horas.

La Echinacea angustifolia se incluye para ayudar al cuerpo a enfrentarse a los microbios, pero el simple uso de diaforéticos como el Eupatorium perfoliatum o la milenrama será suficiente en muchos casos.

Si es necesario aumentar la fuerza del diaforético, añadir un pellizco de cayena. Si las glándulas están hinchadas, lo cual indica un pro­blema linfático, se puede incluir maravilla o amor de hortelano.

Si las membranas mucosas están afec­tadas, puede añadirse hidrastis del Canadá como tónico general útil y ayuda específica para las mu­cosas. Si se padece intensa intranquilidad podrán incluirse nervinas relajantes como la manzanilla o la tercianaria.

Estas mezclas pueden utilizarse no sólo en las fiebres que no tienen una causa clara, sino también en enfermedades como la varicela, el sarampión, la escarlatina, etc. Ello se debe a que las hierbas no sólo detienen la enfermedad en cuestión, sino que también posibilitan una cura­ción equilibrada.

Por tanto, las mismas hierbas y acciones pueden ser adecuadas para diferentes per­sonas con diferentes enfermedades infecciosas. En los casos en que se sufre catarro, como en el sa­rampión, deberán seguirse los consejos dados en la sección del aparato respiratorio sobre oídos, nariz, garganta y ojos.

Si la piel produce picor, la irritación puede calmarse la­vando el cuerpo con hamamelis destilada y diluida. En las infecciones virales más intransigentes, co­mo la fiebre glandular, una mezcla muy beneficio­sa que puede ayudar, incluso si el problema se ha convertido en una debilidad que puede durar me­ses, es la siguiente:

La dosis es una cucharadita de la mezcla para cada taza de agua (infusión).

La mezcla debe tomarse tres veces al día.

Si su mal sabor resulta desagradable, se puede disimular uti­lizando regaliz.

En cualquier infección debe aumentarse la in­gestión de vitamina C hasta por lo menos dos gra­mos diarios, debería tomarse un complejo vitamí­nico B, y como remedio adicional debería tenerse en cuenta el ajo, preferiblemente crudo.

Una dieta purificadora a base de frutas y zumos de fruta de­bería ser la base de la nutrición. En algunos casos es aconsejable ayunar durante una infección. Es mejor continuar con la medicación durante un breve período después de haberse curado.

Tratamientos de hierbas para los parásitos

Mantenemos una relación muy estrecha y ecológica con numerosos organismos. No sólo viven a nuestro alrededor, sino también en nuestro cuerpo, y nuestra interacción con ellos es en gran parte simbiótica y mutuamente beneficiosa; existimos en armonía homeostática.

Por ejemplo, muchas especies de bacterias defienden nuestro cuerpo contra la invasión de microbios o parásitos hostiles, como ciertas bacterias sobre la piel o en los intestinos. Sin embargo, su armonía ecológica puede verse trastornada con facilidad, haciendo posible la invasión de parásitos.

La mejor manera de prevenirla consiste en mantener un entorno exterior e interior natural y sano, mantener la salud, el bienestar y la higiene apropiada.

Las lombrices intestinales

Diversas especies animales pueden convertirse en pa­rásitos en el intestino humano. Cada zona de este planeta, con su ecología única, tiene su variedad local de parásitos, y dado que formamos realmente parte de nuestro entorno, algunas veces los hospedamos.

Los parásitos intestinales más importantes en las so­ciedades occidentales son las lombrices: las ascárides, la solitaria y el oxiuro (Enterobius vermicularis).

La ascáride y la solitaria pueden tratarse básica­mente de la misma forma. Algunas fitoterapeutas aconsejan que, en lugar de ayunar, deberíamos comer durante unos días alimentos que no les gusten a las lombrices, debilitándolas así, antes de tomar antihelmínticos.

Dichos alimentos son las cebollas, el ajo, los pro­ductos en escabeche y las cosas saladas. Después de comerlas (junto con la comida normal) durante unos días, tomar una taza de infusión de ajenjo por la mañana y por la noche durante tres días.

Al cuarto día, una taza de sen de la India para limpiar los intestinos de los parásitos muertos. Se puede añadir regaliz a la infusión de sen de la India para evitar los dolores retortijantes que pueden mani­festarse en estos casos, y en lugar de ajenjo se pue­de emplear cualquier otro antihelmíntico si parece más apropiado.

La solitaria puede ser más tenaz, y entonces deberá utilizarse ajenjo durante más tiempo; es posible que en su lugar haya que em­plear semillas de granado, que son más fuertes, o incluso helecho macho (teniendo en cuenta las li­mitaciones de su uso).

Dado que el oxiuro reside en el recto, se necesita otro enfoque; deberán uti­lizarse enemas. La mejor hierba en este caso es la Picrasma excelsor: se vierte medio litro de agua hirviendo sobre treinta gramos de trocitos de Picrasma excelsor y se deja reposar la mezcla hasta que se haya enfriado a temperatura corporal; en­tonces estará lista para ser utilizada.

Además de es­ta infusión para los enemas, debe tomarse dos cu­charaditas de dicha infusión, aromatizada con regaliz si es necesario, tres veces al día, antes de las comidas.

Otro remedio tradicional es introducir un diente de ajo en el recto por la noche, pero hay que cuidar de que la primera capa por debajo de la piel del ajo no esté rota, pues de otro modo podría ser demasiado fuerte e irritante.

Los piojos y las pulgas

Es posible librar al cuerpo de piojos y pulgas utili­zando remedios a base de hierbas, pero sólo si al mis­mo tiempo se sigue una buena dieta y una escrupu­losa higiene. Es necesario tener en cuenta todo el entorno del parásito y el tratamiento debe tener un enfoque ecológico.

Si no se tiene en cuenta el modo de vida, las hierbas por sí solas no serán lo suficien­temente potentes, y el único modo de librar al cuer­po de los parásitos será utilizando medicamentos.

Los piojos pueden tratarse con aceites de anís, sasafrás o Picrasma excelsor, siendo el aceite de sasa­frás el más eficaz. Para uso externo, se mezcla una parte de aceite de sasafrás con dos partes de aceite de oliva, se fricciona sobre el cuero cabelludo y el pelo, se utiliza a continuación un peine fino (lien­drera) para eliminar los piojos muertos y las lien­dres.

Este proceso deberá repetirse diariamente hasta que el pelo esté completamente limpio de piojos y liendres.

La sarna

Este pequeño animal puede resultar muy rebelde y debe tratarse con el mayor cuidado y con una hi­giene rigurosa. La ropa de cama deberá hervirse después de cada uso, y en los casos extremos debe­rá quemarse.

Como remedio externo, deberá apli­carse a discreción una fuerte decocción de tanace­to, ya sea en el baño o en friegas frecuentes sobre el cuerpo. Los amargos y las nervinas deberían to­marse internamente durante unos días, después de que la sarna parezca haber desaparecido.

Ello ayu­dará al cuerpo a recobrar su estado de bienestar. La genciana y la tercianaria son ideales, pero seleccio­ne las hierbas que sean más apropiadas para cada persona.

Otras secciones interesantes de la web