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El Poder De La Autocuración

autocuración del ser humano

La curación es una expresión de totalidad, la curación es totalidad. La experiencia y la expresión de esta cualidad sólo puede proceder del interior del individuo, nunca proviene de una fuente externa, como un terapeuta o un maestro.

Del mismo modo en que todas las sendas del desarrollo espiritual nos dicen que miremos hacia adentro, para nuestra curación debemos mirar hacia nuestro yo interior.

La salud es también la expresión del ser integrado que encarna una persona. Las emociones, los pensamientos y el flujo espiritual son tan importantes para la salud, como el estado de los órganos y los tejidos dentro del cuerpo. Todo nuestro ser está implicado cuando nos preocupamos por estar sanos, por recuperar la salud o bien por adquirir una mayor salud.

El enfermo, es en realidad el que cura. Podemos recurrir a la ayuda de los expertos, ya sean alópatas o fitoterapeutas, psicoterapeutas o brujos, pero la responsabilidad de la curación nunca puede dejarse en manos de otra persona que no sea la que desea curarse.

La curación procede de dentro, de aceptar realmente la vida que fluye dentro de nosotros. Las hierbas ayudarán en este proceso, pero la curación es inherente al estar vivo. Es nuestro don y nuestra responsabilidad. Esto puede sorprender a la mayoría de nosotros, condicionados como estamos a entregar nuestro poder a “expertos”, ya sean médicos o políticos.

En la curación, como en toda la vida, somos libres y estamos autorizados por la divinidad para el proceso de nuestras vidas, que se desenvuelven poco a poco.

La curación es raras veces un acto de aprovechamiento conscientemente de la energía y la luz interior, pero es siempre la liberación y expresión de este poder interno. Aunque el proceso de curación es único (una expresión de vida en una persona), este suceso milagroso puede verse facilitado por diversas herramientas y técnicas.

A lo largo del “desenvolvimiento” de la cultura humana se han desarrollado numerosas terapias que tienen mucho que ofrecer como artes curativas. Sin embargo, éstas no curan. No pueden curar, sólo pueden ayudar al cuerpo con su innato poder de curación.

La aparente multitud de técnicas curativas, que a menudo parecen contradecirse, puede considerarse como una ecología de enfoques interrelacionados. Yo la denomino ecología terapéutica. Al observar las conexiones entre las diferentes escuelas de curación, se hace evidente que la única combinación de terapias puede adaptarse de forma ideal a una persona, mientras que una combinación diferente es adecuada para otra persona. Gracias a ello podemos elegir el mejor modo de ayudar al proceso de autocuración.

El siguiente diagrama sitúa al individuo (corazón y centro de la autocuración) en medio de un abanico de terapias. La base es Gaia, nuestro querido planeta, que nos sostiene y nos apoya. La presencia iluminadora es la de la gracia, que nos abraza e ilumina con el misterio de la presencia amorosa de Dios.

Se han indicado cuatro ramas de las técnicas curativas: la medicina, las técnicas corporales, las psicoterapias y los métodos de integración espiritual. Cada una de ellas está dividida para mostrar las sendas individuales que representan otras muchas más; sin embargo, este diagrama tiene sus limitaciones, pues es bidimensional, lo cual podría sugerir que las relaciones de los instrumentos de la autocuración son lineales.

técnicas de autocuración

Ello es totalmente erróneo, pues las verdaderas relaciones son complejas y numerosas, y generan una rica diversidad. Conviene considerar este diagrama como parte de una red tridimensional, que crea un patrón geodésico de posibilidades curativas.

Un ejemplo sería un enfoque basado en las hierbas, el masaje, la psicosíntesis y la meditación. Esta combinación puede ofrecer a cada persona lo que necesita exactamente para facilitar la autocuración. No obstante, es posible que la homeopatía sea apropiada por sí sola. Las combinaciones ofrecen una gran sutileza y diversidad de enfoques.

Las medicinas

La palabra medicina se utiliza aquí para describir cualquier cosa para tomar, todas ellas son un regalo de la Tierra. A primera vista puede parecer extraño que los medicamentos se encuentren en el mismo grupo que las hierbas y la homeopatía.

Todos ellos son cosas, y como tales, forman parte de la diversidad y la riqueza de nuestro planeta. Ya sea la hidrocortisona, el Chamaelirium Iuteum o un remedio floral de Bach, todos proceden del cuerpo de la Tierra.

Sería erróneo compararlos. Todos tienen su sitio. Lo que se necesita es hacer una clara diferenciación sobre el tratamiento apropiado para cada individuo único. No hay nada universalmente malo en la quimioterapia, ni nada universalmente bueno en las hierbas. Agradezcamos que se nos haya dado la posibilidad de elección.

Las técnicas corporales

El cuerpo físico tiene una profunda sabiduría, muy superior a lo que la mente puede concebir. Se han desarrollado toda una serie de métodos para liberar esta sabiduría, así como para liberar la actividad curativa del cuerpo.

Quizás el método más limitado y primitivo sea la manipulación quirúrgica. Pero hay momentos en los que lo único que cabe hacer es extirpar el tejido enfermo. Ello es necesario con mucha menos frecuencia de lo que creen nuestros cirujanos, pero sigue siendo una forma válida, y en ocasiones apropiada de mejorar el cuerpo.

La acupuntura, la antigua terapia china para equilibrar la energía del cuerpo, es un modo más útil de trabajar con él. Además de estos dos tipos tan diferentes de técnicas corporales, podemos incluir las técnicas de manipulación, como la fisioterapia, la osteopatía, la quiropráctica y el masaje.

Además de lo que estas cosas hacen por nosotros, están aquellas que hacemos por nosotros mismos. Entre ellas están el yoga, el jogging, la danza y todas las formas de ejercicio y expresión físicos.

Las psicoterapias

Gran parte del dolor y del trauma que experimentamos en nuestras vidas es el resultado de los problemas emocionales y mentales. Existe una gama de terapias que nos ayudan a aproximarnos al conocimiento interior y a una realineación integradora de nuestro yo psicológico.

No solamente la persona emocionalmente traumatizada o mentalmente confusa puede beneficiarse de una exploración y una curación de lo más hondo de nuestra naturaleza emocional y mental. También el individuo ordinario puede aprender muchas cosas para alcanzar la totalidad.

La liberación del potencial de una persona pueden transformarla holísticamente, afectando a todo su mundo. El examen dentro de un contexto claro de los sistemas de creencias, de los patrones de conducta y de los impulsos o motivaciones muy arraigados puede liberar grandes reservas de energía curativa y afirmar la vida y la finalidad del individuo.

Dentro de la gama de terapias pueden existir criterios distintos sobre la estructura psíquica del ser humano, que se centra en diferentes partes de nuestra “geografía interna”. Pero todos estos criterios pueden ayudar a liberar los bloques mentales y emocionales.

Los enfoques van del psicoanálisis tradicional a las terapias humanísticas y a las denominadas “terapias transpersonales”, que reconocen y trabajan con la dimensión espiritual, así como con otros aspectos de nuestro ser.

La integración espiritual

La percepción de un centro integrado, un núcleo espiritual, una fuente de vida y amor es inherente al criterio holístico de la humanidad. La curación puede lograrse integrando las experiencias de la existencia diaria con el núcleo interior de nuestras vidas. Existen muchas variedades de sendas espirituales.

Las sendas hacia Dios son tan numerosas como personas pueblan nuestro mundo. Al enfocar la espiritualidad humana desde el ángulo de la curación, hay maneras en las que podemos abrirnos a nuestro yo superior, y maneras porque otros pueden afectar a nuestros “cuerpos espirituales.

Un enfoque sería la oración o una variedad de la meditación, y otro la curación espiritual o las técnicas que trabajan con lo que se ha dado por llamar el “cuerpo sutil”. Un factor que no debe pasarse por alto es la posibilidad de los milagros, una forma profunda de curación, y quizás la única vez en que la curación se efectúa para una persona: entonces sólo es realizada por el espíritu.

En todo esto podemos ver cómo el proceso interior de la curación puede recibir ayuda desde multitud de enfoques. Muchos de ellos son formas de liberar los poderes corporales innatos de totalidad y regeneración.

Sin embargo, no importa lo sinceros que sean los intentos de curar, si no tenemos en cuenta nuestros estilos de vida y el modo en que estamos en el mundo para ver qué cambios están indicados, la curación no funcionará en realidad.

El proceso de autocuración

Un primer paso, importante en el proceso curativo, es eliminar los juicios de valor. Estar enfermo no es malo, ni estar sano es bueno. Con ello no pretendo negar que un estado es preferible y más apropiado, pero la rigidez y la presión inherentes a cualquier valoración sobre lo bueno y lo malo, contribuirán por sí solas a la enfermedad.

Ésta puede ser a menudo una oportunidad en la vida de una persona para cambiar y transformarse, y vista de este modo, puede enfocarse con menos resistencia y rechazo. En algunas ocasiones, el problema constituye una oportunidad para utilizar la fuerza de voluntad y luchar contra la enfermedad; en otras ocasiones, para quedarse tranquilo y en paz con el proceso.

Es imposible generalizar sobre el modo de enfocar la lección que puede ofrecer. Juzgarlo (y juzgarse a sí mismo) sería un error. Conviene recordar que somos lo que comemos, pero también lo que respiramos, lo que pensamos, lo que decimos, lo que vemos.

Así, mientras todo lo que aquí se ha dicho tiene que ver con nuestras vidas, la interacción con el entorno en el que escogemos vivir es igualmente importante. La palabra capital en este contexto es elegir. Podemos elegir cambiar. Somos poderosos y libres en cuanto afecta nuestras vidas. Si no podemos cambiar la situación exterior, entonces podremos cambiar nuestra actitud hacia ella.

El sistema de creencias por medio del cual interpretamos el mundo tiñe nuestra experiencia, tanto del mundo como de nosotros mismos. Las creencias pueden limitar nuestra expresión y el claro flujo de energía y conciencia que nos atraviesa. Conviene examinar nuestras creencias y ver si apoyan nuestra vida y nuestro objetivo. Ocurre lo mismo con nuestra propia imagen.

El modo en que nos vemos a nosotros mismos, nuestros dones y limitaciones, necesidades y fuerzas, apariencia y salud física, en gran medida nos crearán. La imagen que una persona tiene de sí misma puede tener un profundo efecto sobre su salud, como han demostrado los problemas de piel y de peso, aunque también pueden estar implicados otros factores.

El papel de nuestras relaciones para autosanarnos

Si nuestras relaciones no son sanas, tampoco lo seremos nosotros. Podemos crear relaciones que nos afirman, que refuerzan nuestro movimiento hacia la salud y la totalidad. Hay que elegir conscientemente las personas con quienes compartir la vida y el trabajo.

Su alegría y su actitud positiva ¿se ven reflejadas en su casa, su lugar de trabajo, su lugar de recreo? Si no es así, entonces cámbielos o cámbiese a sí mismo. Es posible que resulte muy difícil, pero en eso consiste la curación: en transformarse a sí mismo y a su mundo.

La relación más importante de todas es seguramente la que tenemos con la naturaleza y el Planeta. El bienestar depende de nuestra interacción con Gaia, y la totalidad puede expresarse mediante un intercambio consciente con el todo más grande del cual forma parte la humanidad.

Si se le da la oportunidad, el espíritu de la vida puede fluir libremente de la naturaleza a la humanidad. Entonces se crea una mutualidad de vida, el contexto dentro del cual se entablan todas las relaciones sanas.

La experiencia de la naturaleza puede ser escalar montañas o estar sentado a la sombra de un árbol: la forma no es importante. Lo que sí es importante es estar abierto a una comunión con la naturaleza.

¿Qué podemos decir sobre los libros que leemos, las películas que vemos, la televisión que miramos, las vallas publicitarias que contemplamos y los políticos que apoyamos? La música que oímos ¿es buena para nuestra salud? ¿Nuestros amigos son buenos para nosotros? Todas estas preguntas son importantes, y ninguna de ellas tiene una respuesta fija.

La música sana es aquella que nos ayuda a experimentar nuestra totalidad. Para algunas personas puede ser la música de Bach, mientras que para otras puede ser la del grupo The Greateful Dead.

La tarea consiste en asumir la responsabilidad de nuestras propias vidas. Podemos elegir quien deseamos ser y sólo entonces podemos crearnos a nosotros mismos.

Una clave para toda autocuración es la compasión. Al expresar compasión por uno mismo se crea un alivio interior y una clara perspectiva a partir de la cual se pueden cambiar y curar muchas cosas. La compasión crece al estar abierto al espíritu en la propia vida. La forma no es importante.

Lo inefable debe ser parte de la vida de una persona; el significado y la significación, por muy indefinibles o sutiles que sean, deben estar activamente presentes en la experiencia y expresión de una persona. Ello puede adoptar la forma de meditación, oración o cualquier cosa útil para cada cual.

La forma es irrelevante, el contenido y la actitud son cruciales. Estar abiertos a la experiencia del alma y el espíritu equivale a la curación y afirmación de la totalidad del ser.

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