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Plantas Medicinales Para El Aparato Respiratorio

plantas medicinales para el sistema respiratorio

El aire que respiramos es ecología espiritual en ac­ción. Cuando aspiramos el aliento de la vida, comparti­mos el aire con todos los seres humanos, con toda la vida de nuestro planeta.

A través de la respiración, nuestra unicidad con los ár­boles se pone de manifiesto, nuestra comunicación con los océanos tiene un efecto inmediato. A través de la circulación de los gases y de la energía de la atmósfera, se revela la realidad del todo planetario, repercutiendo en toda la vida humana.

Esta visión subyace a la curación holística, al igual que la ecología: es la ciencia del todo. Desde la perspectiva de una ecología espiritual podemos repetir la pregunta de los místicos: ¿Quién respira?

Cada minuto (normalmente de forma inconsciente) inspiramos y expiramos entre diez y quince veces. Cada día, movemos aire suficiente de un lado para otro, como para hinchar varios miles de globos. De este modo, el cuerpo puede extraer del aire el oxí­geno que necesita y eliminar de la sangre el dióxido de carbono superfluo.

Aunque sólo una quinta parte del aire es oxígeno, es esta parte la que nuestro cuerpo necesita para sobrevivir, pues cada una de sus células necesita oxígeno para liberar la ener­gía encerrada en las reservas alimenticias.

Muchas células pueden sobrevivir durante un tiempo sin oxígeno; otras necesitan un sumi­nistro constante. Las células cerebrales mueren (y no pueden ser reemplazadas) si les falta oxígeno durante más de unos cuanto minutos.

Abastecer de oxígeno a las células del cuer­po es la responsabilidad de los aparatos respiratorio y circulatorio. Este proceso es controlado por el cerebro a través del bulbo raquídeo en el tronco cerebral, donde los mensajes relacionados con la composición sanguínea son integrados con otra informa­ción, regulando así el ritmo apropiado de la respiración.

El flujo y reflujo de la respiración introduce la energía vital en el ser. Por tanto, si existen trastornos respiratorios que inhiben un inter­cambio de gases, pueden provocar un descenso de la vitalidad corporal, un aumento de los trastornos metabólicos y una degeneración de lo tejidos.

La anatomía y fisiología del aparato respi­ratorio es una encarnación compleja y maravillosa de integración y totalidad.

Plantas para las enfermedades el aparato respiratorio

En la práctica, las diversas enfermedades y síndro­mes del aparato respiratorio pueden considerarse como la manifestación de dos tipos de deficiencia respiratoria: la congestión o el espasmo.

La con­gestión es provocada por un exceso de mucosidad en los pulmones, ya sea por la producción excesiva o por la excreción inadecuada de dicha mucosi­dad; que con el tiempo produce efectos degenera­tivos.

Los espasmos de los músculos bronquiales constituyen el otro grupo de problemas respirato­rios y pueden estar causados por diversos factores.

Aunque algunas afecciones no pueden encua­drarse en ninguna de estas dos categorías (como el cáncer de pulmón), ambas proporcionan un mar­co de referencia útil para un tratamiento holístico de los pulmones.

La prevención de las enfermedades respiratorias

No somos sólo lo que comemos, sino también lo que respiramos. Cualquier problema con la respiración no sólo afectará a otros órganos y sistemas, sino que también puede causar la enfermedad de dichos sistemas. Sin embargo, dado que el cuerpo es un todo, lo contrario también es cierto.

Cuando los pulmones necesitan ser tratados, también debemos examinar el aparato circulatorio; gran parte de lo que hemos dicho sobre el corazón y la circulación es relevante para los pulmones.

También deberíamos examinar el estado del aparato digestivo y, especialmente, de los órganos de eliminación, pues los pulmones participan junto con los intestinos, los riñones y la piel en la eliminación de los desechos.

Si se desarrolla un problema en cualquiera de estos sistemas, el cuerpo lo compensará aumentando la carga de los demás. Existen límites a la cantidad de desechos que los pulmones pueden soportar si, por ejemplo, están obstruidos los intestinos.

La mayoría de los cambios patológicos en los tejidos pueden evitarse si el medio ambiente de las células recibe un suministro constante de oxígeno. La cantidad de oxígeno que la circulación suministra a los tejidos está controlada en gran medida por la respiración.

Todo ello pone de manifiesto que las mejores medidas de prevención para este sistema son un ejercicio regular y una buena respiración. Aunque apenas le concedemos importancia, una respiración consciente y correcta es considerada (incluso en los círculos de la medicina ortodoxa) como algo inapreciable.

El papel central de la respiración en muchas corrientes espirituales debería darnos una pista. Como en todas las enfermedades, la mejor profilaxis es un modo de vida adecuado. Tanto la dieta como el ejercicio y la calidad de vida tienen una profunda influencia en la salud de los pulmones.

Para garantizar dicha salud, el entorno interior debe estar en armonía, y lo mismo debe ocurrir con el entorno exterior. Si el aire que respiramos está contaminado, romperá la ecología de los pulmones, del mismo modo que rompe la ecología de los bosques.

Debemos evitar el aire contaminado con productos químicos y partículas, gases y humo. Lo cual nos lleva al tema del tabaco. El hábito de fumar crea una pared de alquitrán y ceniza entre el individuo y el mundo, por lo cual el libre flujo ecológico no puede tener lugar en los pulmones.

Ello puede producir una increíble cantidad de problemas, desde la bronquitis al cáncer, sin tener en cuenta todos los efectos de un suministro disminuido de oxígeno al resto del cuerpo. Si queremos curarnos y si queremos curar nuestro mundo, éste es un buen punto para empezar. ¡De poco servirá seguir una dieta sana y vivir en el campo si se fuman veinte cigarrillos al día!

Hay otros peligros específicos que pueden reconocerse y evitarse. En el caso de las infecciones, la respuesta más simple es precisamente evitar el contacto con ellas. Sin embargo, dado que esto es a menudo socialmente imposible, debemos mantener óptimas nuestras defensas naturales.

Aquí convendría decir algo sobre el dudoso uso de la inmunización. El cuerpo (si se le da la oportunidad) es capaz de realizar grandes proezas en materia de autodefensa, siempre y cuando le proporcionemos una dieta equilibrada y rica en vitaminas, combinada con un estilo de vida sano, tanto al pensar y sentir como al actuar.

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En este contexto, es vital refrenar el abuso de antibióticos. Aunque estos medicamentos, usados en el mo­mento oportuno y del modo oportuno, pueden salvar muchas vidas, también pueden reducir a la impotencia los sistemas de defensa naturales del cuerpo.

Además de la reducción de nuestras defen­sas, a la larga también crean (en un sentido evo­lutivo) bacterias muy resistentes, por lo cual em­pieza a ser cada vez más difícil tratar los problemas.

A lo largo de los últimos cincuenta años, los médicos han tenido que observar desarrollos alarmantes en esta dirección. Con un estilo de vida correcto y el uso de remedios herbarios cuando sea necesario, se podrán evitar a menudo los antibióticos.

Hierbas para el aparato respiratorio

Todas las funciones del aparato respiratorio pue­den beneficiarse de los remedios herbarios apro­piados. Las hierbas pueden ayudar a la actividad de las membranas mucosas y garantizar el inter­cambio de gases a través de estas membranas; pue­den activar la secreción del tejido pulmonar, de forma que el aire esté suficientemente humedeci­do y las membranas protegidas; pueden aumentar las respuestas neurológicas que regulan la respira­ción; pueden tonificar la circulación y garantizar que la sangre bañe los tejidos adecuadamente constituyendo una ayuda al estímulo de todos los procesos glandulares y excretorios a fin de garanti­zar un entorno interior limpio y armonioso.

Si consideramos el aparato respiratorio en el contexto del todo, es evidente que para curar real­mente cualquier afección localizada en esta zona, tendremos que examinar y preparar la curación de todo el cuerpo.

La naturaleza ha sido generosa en la gama de acciones de las hierbas pectorales a nuestra disposición, proporcionándonos de este modo la posibilidad de trabajar dentro de un am­plio contexto.

Aunque no es aconsejable clasificar las hierbas estrictamente por sus efectos, puede ser valioso trazar algunas directrices amplias. Trataremos de los estimulantes respiratorios, los relajantes respiratorios, los remedios anfóteros y los demulcentes respiratorios.

Los estimulantes respiratorios

En esta categoría, las hierbas actúan como estimu­lantes de los nervios y músculos del aparato respi­ratorio, desencadenando un reflejo neurológico a través de las terminales sensoriales en el aparato digestivo.

Esto causa la expectoración. Los ex­pectorantes ayudan a desprender y expulsar a con­tinuación las mucosidades del aparato respirato­rio. Las plantas que se encuentran en esta categoría son:

Los relajantes respiratorios

La principal acción de estas plantas es relajar el te­jido pulmonar, lo cual será muy útil en cualquier problema relacionado con la tensión y el exceso de actividad. De un modo aparentemente paradóji­co, el alivio de la tensión promueve el flujo de mu­cosidad y por tanto hace posible la expectoración.

En este grupo se encuentran muchas plantas, pero las más representativas son la angélica, el anís, la fárfara, el helenio, la Ephedra sinica, la linaza, la Grindelia camporum, el hisopo, el llantén, la eufor­bia, la drósera, el tomillo, la corteza de cerezo de ra­cimo y la lechuga silvestre.

Remedios anfóteros

El concepto de “anfoterismo” es de gran valor cuando examinamos las acciones aparentemente contradictorias de muchas plantas. El término procede de la química, en la que se utiliza para describir una sustancia capaz de comportarse como un ácido en determinadas ocasiones y como un álcalino (o base) en otras.

Los anfóteros, que son normalizadores, cambian y adaptan su acción se­gún las condiciones. En un principio podría pare­cer extraño que un concepto como éste tuviese un lugar en la fitoterapia. En la medicina ortodoxa se supone que un remedio debe tener un efecto cla­ramente definible, que debe ser relacionado con la dosis y debe ser fácilmente controlable.

Esto tiene sentido si consideramos el cuerpo como algo esen­cialmente mecánico. Sin embargo, en una pers­pectiva holística, el cuerpo es considerado como un todo integrado y sinergético, y el trabajo del te­rapeuta consiste en aumentar y estimular los pro­cesos recuperadores vitales que tienen lugar de un modo natural.

Por tanto, vemos cómo las hierbas anfóteras actúan del modo que más conviene al sistema en un determinado momento, utilizando la sabiduría del cuerpo para hacer lo que resulta más apropiado.

Los mejores anfóteros respiratorios son la San­guinaria canadensis, el tabaco indio, el gordolobo, la Asclepias tuberosa y el marrubio.

Los demulcentes

Los demulcentes calman, alivian y suavizan las mucosas irritadas o inflamadas, pues sus carac­terísticas mucilaginosas y viscosas les permite recubrir, proteger y lubricar la superficie de las membranas y otros tejidos. Gracias a su ayuda protectora puede tener lugar la curación.

Muchas de las hierbas anteriormente mencio­nadas son demulcentes, siendo las más importan­tes para los pulmones la raíz de consuelda, la fárfa­ra, la linaza, el regaliz, la pulmonaria de árbol, la hoja de malvavisco y el gordolobo.

Plantas medicinales para los oídos, nariz, garganta y ojos

Todos los órganos aquí expuestos comparten una proximidad anatómica y una relación funcional, y constituyen un plano limítrofe principal entre el entorno interno y externo.

Este plano limítrofe es fisico, por cuanto que es (por ejemplo) un intercambio de gas cuando respiramos y una entrada de alimentos cuando comemos, pero es también el plano limítrofe entre la conciencia y la comunicación.

Con nuestros oídos percibimos los sonidos del mundo: es un sentido que refleja la cualidad espiritual de la comprensión. Con nuestra nariz captamos los olores, reflejo exterior de idealismo y discernimiento espiritual.

A través de la boca llega hasta nosotros el mundo de los sabores. La voz, generada en la garganta, facilita la comunicación.

Por los ojos se nos revela la luz; son también la entrada de la divinidad.

Esta interacción con el entorno exterior, y la estrecha conexión entre estos órganos a través de la capa continua de las mucosas que comparten, explica muchas de las afecciones que pueden manifestarse.

Podemos decir simplemente que se ha producido una infección bacteriana o que una reacción alérgica es debida al polen de una determinada planta, pero éste es un modo muy limitado de considerar los síntomas.

Es necesario buscar las raíces sistémicas de una reducción de la resistencia innata, así como la causa de la sensibilidad inmunológica.

Existe una estrecha conexión entre el aparato respiratorio y los oídos, la nariz y la garganta. Un perfecto ejemplo de la sinergia del cuerpo y de la autocuración es el modo en que las mucosas hacen frente a la mucosidad. Parte de la función de la mucosidad es atrapar partículas y proteger las membranas subyacentes contra cualquier invasión.

La mucosidad es eliminada por la “escalera mucociliaria”. La capa de células de la nariz y la garganta dispone de unos filamentos denominados cilios. Estos se mueven en una dirección, empujando inexorablemente el material hacia el esófago y, por tanto, hacia el estómago, que lo esteriliza.

La capa de los tu­bos bronquiales tiene cilios que mueven el material hacia arriba, en la misma dirección. En estado de salud, este sistema funciona a la perfección. Sin embargo, si se produce un cambio en la consistencia de la mucosidad, el mecanismo ya no puede operar eficazmente.

Gran parte del tratamiento herbario de las afecciones mucosas se basa por tanto en cam­biar la consistencia de la mucosidad; los cilios se encargarán del resto.

Hierbas para los oídos, la nariz, la garganta y los ojos

Dado que la mayoría de las enfermedades que se manifiestan en este sistema tienen su origen en los problemas con las mucosas, solemos enfrentarnos al catarro y las infecciones.

Si bien debemos recor­dar que estas afecciones sólo pueden ser tratadas en el contexto de todo el cuerpo, ciertos grupos de remedios son especialmente indicados en estos ca­sos.

Para los resfriados en general, deben utilizarse plantas astringentes y anticatarrales, pero también pueden ser muy útiles las hierbas ricas en aceites volátiles. Dado que a menudo se complican con infecciones, deben tenerse en cuenta las antimi­crobianas, así como las alterativas para ayudar al sistema linfático en su trabajo defensivo y purifi­cador.

Especialmente adecuadas para este sistema son el chopo de Gilead, el Eupatorium perfoliatum, la Echinacea angustifolia, la flor del saúco, la eufra­sia, el eucalipto, el hidrastis del Canadá, la vara de oro, el hisopo, la hoja de malvavisco, la menta, la hierba carmín, la salvia, la argentina y la Baptisia tinctoria.

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