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Plantas Medicinales Para El Aparato Digestivo

hierbas medicinales para el sistema digestivo

El aparato digestivo empieza en la boca y acaba en el rec­to, ¡después de haber recorrido unos 11 metros! Se ha descrito como un tubo que atraviesa el cuerpo, especie de fábrica donde los alimentos son procesados y puestos a su disposición.

Esta descripción indica lo li­mitada que es la conciencia de nuestro cuerpo hoy en día. De hecho, el aparato di­gestivo es uno de los principales planos limítrofes entre nuestro mundo inter­no y el mundo externo, con una superficie total que es cien veces mayor que nuestra piel, con una complejidad de reacciones que siguen superando nuestra comprensión.

Por ejemplo, el número de microbios vivos que se albergan en el aparato digestivo es igual al número de células del cuerpo, pero aún no se ha investigado del todo cuál es exactamente la influencia de la mezcla de estos microbios sobre nuestro bienestar y de qué modo nues­tro estado de salud influye en su condición.

El aparato digestivo dispone de un conjun­to de nervios, verdadera red de control integrado que trabaja conjuntamente con una amplia serie de hormonas, tanto locales como sistémicas. Se ha descrito como una red de cerebros entéricos.

Entérico significa relacionado con el intestino y en este contex­to se aplica al sistema nervioso local del aparato digestivo. Esta inteligencia a nivel in­testinal suele dirigir el aparato digestivo con bastante eficacia.

El grado de interacción y si­nergia entre las distintas partes del conducto digestivo es realmente asombrosa y cuantas más investigaciones realizan los fisiólogos, más se pone de manifiesto. Dado que somos lo que comemos, nuestra salud y nuestra vi­talidad dependen en gran medida de cómo funciona nuestro aparato digestivo a la hora de proporcionar elementos básicos para nuestro cuerpo físico.

No se trata tan sólo de te­ner en cuenta qué sustancias metemos en nuestra boca, sino que también debemos considerar qué sustancias son procesadas co­rrectamente para que puedan ser asimiladas y utilizadas por el cuerpo, pues, en realidad, so­mos lo que asimilamos.

Si existe un problema funcional en la di­gestión, entonces poco importa lo que se esté comiendo, pues no se absorberá, experimen­tándose una deficiencia. Un ejemplo de un problema funcional (en oposición a orgáni­co) en este sistema sería la tensión durante las comidas irregulares y apresuradas, que causa la indigestión.

La comida penetrará con demasiada rapidez en un intestino no preparado, causará una absorción deficiente y el consiguiente malestar. El fallo puede resi­dir en los hábitos alimenticios, en el contenido o cantidad de los jugos digestivos o en una disfunción de las paredes intestina­les, por lo cual los alimentos no son absorbidos correctamente a través del recu­brimiento del intestino.

Estos problemas pueden causar toda una serie de enfermeda­des. Debemos recalcar que nos referimos aquí a los problemas funcionales, en los que el sistema no funciona como debería, y no a las afecciones orgánicas causadas por una le­sión o una anormalidad estructural de los órganos y tejidos en cuestión.

Un excelente ejemplo del complejo funcio­namiento del proceso digestivo es la acción de las hierbas digestivas amargas. A menudo se dice bromeando que cuanto peor sepa una medicina, mejor será para el que la toma.

¡En el caso de los amargos es verdad! Se ha descu­bierto que el gusto de lo amargo en la lengua estimula, a través de los circuitos reflejos del cerebro, las secreciones y la actividad del esó­fago, las secreciones del estómago, el duodeno y la vesícula biliar, y estimula la producción de insulina por el páncreas. ¡Y todo esto a causa de un sabor desagradable en la boca!

Aparte de su función de asimilación, una actividad igualmente importante del aparato digestivo es la eliminación. No absorbemos todos los alimentos que tomamos, algunos no son digeribles y deben ser expulsados.

El cuerpo también produce grandes cantidades de productos de desecho metabólicos que se eliminan, en parte a través del aparato diges­tivo. El estado de los intestinos y de su contenido afectará de forma fundamental al resto del cuerpo.

La atención prestada a los intestinos por los naturópatas es comprensi­ble, y la naturaleza de los alimentos que comemos de gran importancia. Además de las influencias fisiológicas que afectan al fun­cionamiento y a la salud del aparato digestivo, existe una interacción constante entre el estado de ánimo y la digestión.

Las emociones influyen profundamente tanto en el funcionamiento como en la estructura del tejido del estómago y los intestinos. Se pro­duce una respuesta inmediata a la cólera, a la ansiedad, al miedo y a cualquier forma de es­trés y preocupación.

Para enfocar la curación de los problemas digestivos de un modo ho­lístico, es necesario tener en cuenta estas influencias psicológicas.

Cómo prevenir las enfermedades digestivas

La mayoría de los problemas digestivos pueden evitarse fácilmente efectuando cambios en el mo­do y en los hábitos de vida. Entre las directrices claras a seguir para su prevención se encuentran nuestras actitudes hacia el alcohol, el tabaco, el es­trés y la dieta.

Es evidente que el exceso de alcohol actúa como irritante principal en las paredes del intestino y constituye una amenaza específica para el hígado. Lo mejor sería mantener su consumo al mínimo. El tabaco provoca problemas similares. Se ha de

mostrado que la nicotina retrasa la curación de las úlceras gástricas y puede estimular el desarrollo de úlceras duodenales. El alquitrán ingerido actúa co­mo factor irritante. ¡NO FUME!

El estrés y la ansiedad contribuyen de forma importante a la enfermedad e impiden el proceso curativo. Su efecto es especialmente intenso en el aparato digestivo, a través de la influencia del sis­tema nervioso autonómico. Tales estados de estrés y ansiedad deberían reducirse activamente. Procu­re crear paz y tranquilidad en sí mismo. El estrés es innecesario. Cambie de trabajo. ¡VIVA EN PAZ!

La dieta debe ser todo lo variada y natural posi­ble, y con un alto contenido de fibras. Debe incluir frutas, hortalizas y cereales integrales en lugar de al­midones, azúcar y harina refinada. Deberían evitar­se los aditivos químicos. Los detalles específicos de la dieta deberán determinarse individualmente, se­gún las necesidades y el enfoque filosófico personal.

Plantas medicinales para las enfermedades del aparato digestivo

Aquí examinaremos el aparato digestivo empezando por la boca y terminando con el recto y haremos referencia a las afecciones corrientes, pero explicaremos su tratamiento en función del todo.

En primer lugar conviene reconocer diversos síntomas que son comunes a muchas enfermedades que afectan a todo el sistema, pero que tienen una importancia especial para la digestión. Éstos son el estreñimiento, la diarrea, los vómitos, el dolor y la pérdida del apetito.

Hierbas para el aparato digestivo

Hay una multitud de remedios a base de plantas que se utilizan en el tratamiento de los trastornos digestivos. No es sorprendente que las hierbas se consideren como comida: como verduras.

La ma­yoría de las hierbas se toman por la boca y por consiguiente son absorbidas por el aparato digesti­vo, donde sus poderes curativos empezarán a ser eficaces rápidamente. En lugar de proporcionar una lista interminable de hierbas digestivas, exa­minaremos sus acciones con unos cuantos ejem­plos destacados.

Las hierbas pueden agruparse en las que esti­mulan las diversas partes del sistema para incre­mentar o mejorar la actividad (las estimulantes digestivas) y las que relajan el tejido (las rela­jantes digestivas) o reducen cualquier exceso de actividad en el sistema.

Las estimulantes

Las amargas

Aunque poseen una amplia gama de propiedades y componentes químicos, las hierbas amargas tienen en común su sabor intensamente amargo. Este sa­bor estimula el apetito y ayuda a la digestión de un modo complejo.

Tal como explicamos anterior­mente, esta acción se realiza en su totalidad a tra­vés de las papilas gustativas y de una acción cere­bral refleja. Si estas hierbas se administran en forma de cápsulas, no se podrá percibir su sabor, y por tanto no tendrán lugar sus propiedades diges­tivas.

Entre las numerosas hierbas digestivas se en­cuentran el agracejo, la canchalagua, la raíz de gen­ciana, el hidrastis del Canadá, el marrubio y el ajenjo.

Claro está que en ellas están representadas mu­chas otras acciones adicionales. Por ejemplo, el marrubio puede utilizarse en una afección bron­quial con pérdida de apetito y digestión lenta, o como un remedio digestivo en casos de debilidad pulmonar.

Las sialagogas

La saliva es fundamental para el proceso digestivo. La digestión empieza en la boca e inicia un pro­ceso que prosigue en el intestino. La saliva des­compone los grandes hidratos de carbono, convirtiéndolos en pequeñas unidades que pueden ser pro­cesadas en otras partes del sistema.

Si no se dedica tiempo a masticar adecuadamente la comida, la saliva no se mecla suficientemente con los alimen­tos y se verá afectado todo el proceso digestivo. Aparte de las hierbas amargas, que estimulan el flujo de saliva, otras sialagogas son la cayena, el jengibre, el regaliz, el tamarindo y el ruibarbo.

Las hepáticas

Las hepáticas son hierbas que refuerzan, tonifican y estimulan las funciones de secreción del hígado. Ello provoca un aumento del flujo de bilis. Los re­medios que promueven también la secreción biliar en el duodeno se denominan colagogos.

Al tratar a todo el cuerpo, a menudo es beneficioso ayudar al hígado y su función, pues este órgano tan impor­tante está estrechamente relacionado con todas las funciones corporales y con la salud de todos los te­jidos.

El hígado está implicado en los problemas digestivos a través de la bilis. Como cabría esperar dada su importancia, disponemos de numerosas hierbas hepáticas; las más útiles son:

Las laxantes y evacuatorias

Muchas hierbas pueden estimular la evacuación de los intestinos, pasando de laxantes suaves a pur­eantes más violentos y drásticos. Estos purgantes fuertes sólo deben utilizarse en casos extremos y bajo supervisión competente.

Las mejores laxantes son aquellas que estimulan la secreción natural de los jugos digestivos como la bilis (las colagogas), promoviendo de este modo la evacuación. Algu­nas de éstas son la Chelone glabra, el agracejo, la raíz de diente de león, el regaliz, el Evonymus atro­purpureus y la romaza crespa.

Para una evacuatoria más poderosa, se podría utilizar el ruibarbo, que en pequeñas dosis tam­bién es un astringente suave. Otras hierbas valiosas son el áloe, el espino cerval la cáscara sagrada y el sen de la India.

Estas evacuatorias más fuertes fun­cionan principalmente a través de la estimulación química o neurológica, irritando el recubrimiento de los intestinos y causando la expulsión activa del material.

Las eméticas

Hay situaciones en las cuales es obligatorio expul­sar el contenido del estómago, por ejemplo en un caso de envenenamiento, en cuyo caso el trata­miento apropiado es provocar el vómito. Muchas plantas pueden causar este reflejo, ya sea actuando sobre los nervios de control o irritando el recubri­miento gástrico.

Las hierbas que pueden utilizarse son el toronjil la ipecacuana, el tabaco indio y la polígala de Virginia.

Las antihelmínticas (vermífugas)

Las antihelmínticas son un grupo de hierbas esti­mulantes que no actúan realmente sobre el apara­to digestivo en sí, sino más bien contra las lombri­ces parásitas presentes en el aparato digestivo. Para más información puedes ver la sección sobre infeccio­nes y parásitos.

Las relajantes

Después de las estimulantes, trataremos de un grupo de hierbas cuyas propiedades relajan el tejido del aparato digestivo o reducen la excesiva actividad de sus funciones normales.

Las demulcentes

Cuando las membranas del conducto digestivo es­tán irritadas o inflamadas, las hierbas demulcentes las calman y protegen. Entre las muchas hierbas demulcentes activas en diferentes partes del cuer­po, las más eficaces para el aparato digestivo son:

Las carminativas

Muchas hierbas aromáticas contienen aceites volá­tiles que afectan al aparato digestivo relajando los músculos del estómago, aumentando la peristalsis del intestino y reduciendo la producción de gas en el sistema.

Estas hierbas estimulan por tanto el movimiento del material a lo largo del sistema y alivian la distensión debida al gas. Entre las mu­chas carminativas, las mejores para el aparato di­gestivo son:

Las astringentes

La acción de las hierbas astringentes reside princi­palmente en su capacidad de contraer las paredes celulares, condensando de este modo el tejido, ha­ciéndolo más firme y reteniendo cualquier descar­ga no deseada.

Entre las numerosas astringentes que nos ofrece el reino vegetal las más apropiadas para el aparato digestivo son:

Las antiespasmódicas

Las antiespasmódicas son hierbas que relajan rápidamente cualquier tensión nerviosa que pueda causar espasmos o cólicos digestivos. La tensión de nuestro modo de vida actual puede manifestarse en muchas afecciones digestivas que necesitan el uso de nervinas relajantes o antiespasmódicos musculares.

Las mejores a utilizar en caso de problemas digestivos son la manzanilla, el lúpulo, el tabaco indio, el muérdago, la pulsatila, la tercianaria y la valeriana.

Las antimicrobianas

Las infecciones pueden ser la causa de los problemas digestivo; también pueden surgir fácilmente si el aparato digestivo se ha visto debilitado por una enfermedad. En cualquier caso será útil el uso de remedios antimicrobianos.

Muchas de las hierbas anteriormente mencionadas son antimicrobianas, como la pulsatila, el tomillo y el ajenjo, pero las principales son la Echinacea angustifolia y la mirra.

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